Ahora te hablaré de una persona más, una persona de la que te habías olvidado… pero no por eso es menos importante…
¿No sabes de quien te hablo?
Refrescare tu memoria:
En el pasado cometió muchos errores, algunos de ellos los sigue pagando con creces, otros le han enseñado a vivir y ser ella misma.
Si, eres tú…
¿Recuerdas cuando tenías 8, 9 o 10 años?
Eras pura vida, eras la típica niña bonita de un colegio “Nice”, no por rubia, ojos azules, ni boca carnosa, simplemente tu simpatía conquistaba a cualquiera, tu sonrisa era radiante, eras feliz, tus papas te amaban, daban su vida por verte feliz…entre el ballet, las clases de música, y tus tareas se te iba el día volando.
¿Qué te sucedió? Nadie lo sabe, ni siquiera tu misma, solo sé que a los 12 años te convertiste en la peor versión de ti misma , en la peor de todas, te convertiste en una maldita manipuladora de vidas por conseguir lo que querías…
Tus papas se divorciaron, hiciste como que no te importó… tu papá se largó a Venezuela y tú te quedaste en México con tu mamá… tu papa se llevo con él a tu hermano y junto con este la vida y la sonrisa de tu mamá.. También la tuya aunque no lo aceptaste jamás, y hasta la fecha lo sigues negando… maldito orgullo ¿verdad?…
Eran días horribles… llegar del colegio a una casa sola, donde te esperaba una pizarra llena de labores que debías hacer pero que nunca hacías, sentarte a ver televisión, llorar y cortarte… lamentándote y echándote la culpa de tu soledad.
No tenias ni un puto amigo… porque te habías mudado… los días eran muy largos, y cuando por fin daban las 6 de la tarde te ponías contenta de que ya no estarías sola, porque tu mamá llegaría del trabajo y tu aun guardabas la esperanza de que llegara contenta preguntándote como había estado tu monótono día.
Pero no era así;
La puerta del garaje se abría y el timbre sonaba…
Era tu mamá; con los ojos llorosos, cara triste y cuerpo cansado:
- Hola mamá! – decías tú
- Hola hija, me voy a dormir…
Nada cambiaba, era un día más, cenarías… otra vez.
tu mamá tumbada en la depresión por la ausencia de tu hermano menor, cansada de pasar días y a veces noches en un juzgado peliando la custodia de tu hermano…
Nunca entendiste nada… tu papá te decía que eras su princesa, en aquel pasado que en ese entonces parecía tan lejano;
En cambio no peleaba por ti… mama y papa paliaban por quedarse con tu hermano… y tu te sentías como una bolsa de plástico… casi invisible, y digo “casi” porque aun no habías llegado a ese punto, al punto de la invisibilidad total.
El cuerpo y el organismo se defienden, y en tu caso no hubo excepción, tanta rutina, tanta depresión y tanta auto-mutilación te tumbó en cama, enferma de dolor de huesos, de cabeza, vomito, fiebres altísimas…
Te seré sincera… todos pensaron que morirías, hasta el médico, dijo que tenias tuberculosis…
Pero el muy inútil se equivoco de diagnostico, tu mama decidió buscar una segunda opinión y otro médico al 100 kilómetros de tu casa dijo que lo que tenias no era tuberculosis, era un desorden metabólico, o algo asi, causante de estrés que podría ser escolar.
Te sugirió alguna actividad que te despejara de todo el estrés.
Decidiste entrar a ballet otra vez…
Los días eran menos monótonos porque te pasabas la mayor parte del tiempo en la academia de danza… la maestra te sugirió ir todos los días… porque a decir verdad eras asquerosamente buena bailarina, sensible en tus movimientos y una dama delicada. Todo un asco.
Eras una bestia enmascarada, un nido de hormigas venenosas esperando ser provocadas.
Tu mente estaba mal, tu soledad te consumía, tu inseguridad te botaba, y un comentario de tu maestra de ballet provoco el caos:
-Fer… estás más ancha, si sigues así no podrás estar más aquí..
Volteaste a tu alrededor y era cierto.
Todas tus compañeras eran exquisitas, no mayores que tu, bajitas de estatura, ligeras como pluma, y flacas como un maldito lápiz.
Y de pronto te encontraste contigo misma fueron las horas más amargas de tus 12 años de vida.
Estabas parada frente al espejo de tu habitación, un gran espejo que cubría toda la pared… de pronto descubriste a la verdadera Fernanda
Gorda, altísima, un monstruo de 1.67 mts aunque todos te habían dicho flaca en tu infancia, horrible, aunque tus tíos y papa decían que podías ser modelo si quisieras… tus piernas tenían grasa, tu estomago tenia grasa y tenias la cara gorda…
Desde ese momento nada fue igual
No comías… y cuando comías; comías de mas y te provocabas el vomito.
No tenias ni idea de que era eso… empezabas a compararte con las demás, en cuerpos y materialmente –“fulanita tiene esto yo no, tengo que hacer que lo pierda” –“porque yo no tengo papá ni hermano y ella si” – Ella esta mas flaca que yo, yo tengo esta lonja de aquí.
Asi viviste todo un año y por raro que parezca, nadie, ni siquiera tu mama sospechó algo.
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Continuará….
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